La extensión de las hostilidades (1/2)

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La extensión de las hostilidades (1/2) En una época marcada por el individualismo y la indiferencia, tenemos que activar el encuentro y no el encontronazo, la comunión en la unión de vínculos y no la división, la amistad y no la enemistad entre pueblos, que lo único que genera es rencor y miedo en los pulsos.

Conscientes de esta oposición, se requiere de todos los apoyos humanitarios posibles, fortaleciendo tanto la seguridad alimentaria de las poblaciones como reforzando otras atmósferas más solidarias, con habilidades sociales y vocación de servicio incondicional. Me emocionan, por consiguiente, esas gentes de acción entregadas totalmente a trabajar coaligadas para mostrar hospitalidad y ayuda. Ciertamente, para conseguir la concordia, se requiere fortaleza de espíritu y coraje de autenticidad, mucho más que para hacer la guerra.

Hay que armonizarlo todo, con negociación y diálogo sincero, respetando los pactos y no impulsando las provocaciones, vertiendo sinceridad en el movimiento de los labios y llenando la brisa de franquezas y no de dobleces, antes de que el tiempo nos envuelva de oscuridad y pasemos a engrosar la multitud de savias destrozadas o de esperanzas abatidas.

Quizás tengamos que ser cada aurora personas de bien, rimadores de sonrisas, para que visualicemos otros modos y maneras de cohabitar sin llantos. Sea como fuere, tampoco podemos caminar bajo el cañón de las contiendas. Desde luego, todas las iniciativas de paz que se pongan en marcha son fundamentales para este momento tan convulso que vivimos.

Sin apoyo internacional, ningún conflicto se aminora. Nos hemos globalizado y esto requiere que nos hermanemos de igual forma. La falta de seguridad generada por la riada de hechos violentos y la ramificación de las discordias, crea un caldo de cultivo propicio para quienes trafican con vidas humanas y negocian con armas. Está visto que tenemos que desarmarnos y armarnos de aguante, si queremos ser heraldos de una nueva esperanza para la humanidad.