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Héctor Lavoe, el inmortal rey de la salsa 2/4

Por Pablo Reinaldo Ávila La trinchera de Clio

A pesar de que en 1974 el bardo ponceño decidió transitar las sendas de la laya solitaria con el lanzamiento de su álbum La Voz, el magisterio de Willie Colón permaneció incólume como mentor y artífice de sus más logradas partituras. Juntos, y en comunión con otras luminarias de la estirpe de Cheo Feliciano, Ismael Rivera y Luis Perico Ortiz, integraron el augusto cónclave de las estrellas de la Fania, emporio que cobijó asimismo a deidades de la música como Celia Cruz y Tito Puente. Bajo este sello, llegaron a la posteridad monumentos fonográficos de la envergadura de Crime Pays (1972), The Good, the Bad and the Ugly (1975) y De ti depende (1976); en este último resplandece la elegía lírica Periódico de ayer, salida de la pluma inspirada del maestro Tite Curet Alonso.

El año de 1978 contempló la aparición de Comedia, obra cumbre de su catálogo discográfico, la cual alcanzó una consagración apoteósica gracias al tema El Cantante, magistral composición obsequiada por el numen de Rubén Blades. Años más tarde, en 1983, enriquecería el acervo popular con Juanito Alimaña, una crónica social en perfecta consonancia estilística con la conocida saga de Pedro Navaja. Poseedor de un magnetismo avasallante y de un talento fuera de toda duda, su temperamento artístico coexistió, infortunadamente, con los demonios del exceso y de una vida disipada que presagiaba un ocaso trágico.

El prolongado consumo de sustancias deletéreas minó los cimientos de su naturaleza física, desventura que, sumada al luctuoso deceso de su vástago, le condujo en 1988 a un desesperado intento de flagelación que le apartó definitivamente de los escenarios. Desde aquel trance, el artista permaneció sumido en un doloroso ostracismo en la urbe neoyorquina.

Empero, el mismo año de su tránsito a la inmortalidad, vio la luz su postrer testamento musical: Héctor Lavoe & Van Lester: The Master and the Protege. Su legado se halla jalonado por himnos imperecederos como El Todopoderoso, Calle Luna, Calle Sol, Paraíso de Dulzura, Triste y Vacía, La Verdad, Juana Peña y Un amor de la calle. Las vicisitudes de su azarosa existencia, suspendida siempre entre la gloria del aplauso y el abismo de la tragedia, inspiraron en 1999 una pieza dramática concebida por el ingenio de Pablo Cabrera y David Maldonado, perpetuando así la memoria de un mito insustituible.

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