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Entre el exceso y el silencio emocional

Por KATIUSKA DE CAMPS Psiquiatría en el siglo XXI

La Semana Santa es, para muchos, un tiempo de espiritualidad, descanso y conexión familiar. Sin embargo, desde mi perspectiva como médico psiquíatra con formación en neuropsicología clínica, terapia familiar y alta gerencia, esa semana puede ser un período de alta vulnerabilidad emocional que suele pasar desapercibido.

En estos días emergen dos extremos igualmente relevantes: el exceso social —frecuentemente vinculado al consumo de alcohol como de sustancias ilegales— y el exceso introspectivo o religioso, que también puede alterar el equilibrio psicológico y familiar. La interrupción de la rutina diaria expone a muchas personas a pensamientos, duelos o tensiones no resueltas.

American Psychiatric Association (2023) señalan que los periodos festivos se asocian a incrementos en ansiedad, depresión e impulsividad, debido a cambios en el sueño, el entorno social y la regulación emocional. La convivencia prolongada: vacaciones escolares y laborales propias de la Semana Santa, aunque deseada, puede amplificar tensiones no resueltas.

Desde la teoría sistémica familiar, se entiende que los espacios intensivos de interacción tienden a reactivar dinámicas latentes. En este contexto, la familia puede convertirse tanto en un factor protector como en un detonante de estrés. Discusiones, expectativas no cumplidas y diferencias en estilos de vida (por ejemplo, entre quienes buscan descanso, fiesta o recogimiento espiritual) generan fricciones que afectan la salud mental colectiva.

En la Semana Santa surgen dos extremos. Por un lado, el exceso social, marcado por el consumo de alcohol, que disminuye el control emocional y aumenta conductas de riesgo. Por otro, el exceso espiritual, donde algunas personas se sumergen en prácticas religiosas intensas, descuidando el descanso, la salud física y la convivencia familiar.

Ambos polos, aunque opuestos, pueden afectar el equilibrio mental. Considero que la clave está en la moderación y la regulación emocional. Mantener rutinas básicas de sueño, limitar el consumo de alcohol, equilibrar la espiritualidad con el autocuidado y fomentar una comunicación familiar respetuosa son estrategias esenciales. La Semana Santa no solo es un descanso del cuerpo, sino un reflejo del estado emocional. Si aparecen síntomas como ansiedad, irritabilidad o tristeza persistente, buscar ayuda psiquiátrica es un acto de responsabilidad.

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