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El presidente que RD necesita en 2028

Por Paul Beswick

República Dominicana llega a 2028 con una oportunidad histórica y una advertencia simultánea: el Banco Mundial ya la clasifica como economía de ingreso medio-alto, pero el salto hacia el estatus de altos ingresos ese umbral que hoy ronda los 14,000 dólares de PNB per cápita— no se hereda ni se improvisa. Se construye con liderazgo. Y el liderazgo que el país necesita no es el que hemos favorecido durante décadas de clientelismo político, populismo fiscal y par ches superficiales, que nunca bajan a la realidad de las paupérrimas comunidades, barrios y bateyes.

Diez atributos innegociables: El próximo jefe de Estado debe llegar con:

1) formación técnica sólida en economía o gestión pública, y no improvisación aprendida en el cargo; 2) trayectoria verificable de gestión eficiente, con resultados medibles, no promesas de campaña; 3) capacidad de negociación internacional para atraer inversión de calidad, no capital golondrina; 4) visión de Estado, no de partido, capaz de sostener políticas más allá de un cuatrienio; 5) dominio de la institucionalidad y separación real de poderes, no ficticia; 6) capacidad analítica de datos para gobernar con evidencias, no con encuestas de bolsillo; 7) disciplina presupuestaria verificable; 8) inteligencia emocional y capacidad de diálogo social genuino con sindicatos, empresarios y socie dad civil; 9) comprensión geopolítica del Caribe y su relación con Haití, Estados Unidos, Europa y China; y 10), sobre todo, un historial limpio, sin sombras de corrupción ni pactos de impunidad heredados. Diez actitudes que marcan la diferencia: Ningún currículum sustituye la actitud.

}El país necesita un presidente con: 1) tolerancia cero real hacia la corrupción, no discursiva; 2) humildad para rodearse de los mejores, no de los más leales; 3) coraje político para enfrentar intereses creados, incluidos los de su propio partido; 4) transparencia radi cal en el manejo de fondos públicos; 5) apertura a la crítica y a la prensa inde pendiente; 6) sentido de urgencia, por que la ventana demográfica dominicana se cierra; 7) pragmatismo sin populis mo, capaz de decir verdades incómo das; 8) empatía territorial real con las provincias históricamente postergadas, como La Altagracia y las fronterizas; 9) constancia institucional, sosteniendo reformas más allá del ciclo electoral; y 10) vocación de servicio genuina, no de enriquecimiento personal disfrazado de vocación pública.

El punto de no retorno: El diagnóstico es conocido hasta el cansancio: déficit de infraestruc tura sanitaria pública, brechas edu cativas que perpetúan la desigual dad, un sistema político capturado por el clientelismo y territorios ente ros —productivos, turísticos y estra tégicos— administrados desde el go bierno como si el desarrollo fuera un favor y no un derecho. La clasificación de alto ingreso no llegará por inercia.

Llegará si, y solo si, el próximo presi dente entiende que gobernar es admi nistrar el futuro de once millones de personas, no un botín de cuatro años. El 2028 no es una elección más. Es la última oportunidad de esta genera ción para decidir si República Domi nicana se convierte en referente regio nal de desarrollo o si repite, una vez más, el ciclo de promesas incumplidas que ha condenado a demasiados paí ses a la espera perpetua

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