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Después del parto, el abismo silencioso

Por KATIUSKA DE CAMPS Psiquiatría en el siglo XXI

La depresión postparto (DPP) no es debilidad ni exageración. Es una condición real, peligrosa y, en casos extremos, puede llevar a una psicosis que amenaza vidas. Reconocerla a tiempo puede salvar a una madre, un bebé y una familia entera. Para muchas mujeres, el nacimiento de un hijo debería ser un momento de plenitud. Sin embargo, para un porcentaje significativo de madres, el posparto se convierte en una pesadilla emocional y psicológica.

La depresión postparto (DPP) afecta entre el 10 % y el 20 % de las mujeres después del parto, y en casos graves, puede evolucionar hacia una psicosis postparto, una emergencia psiquiátrica severa. Hoy, más que nunca, hablar de esto no es opcional: es urgente. La DPP no es el baby blues. Aunque muchas madres sienten altibajos emocionales durante los primeros días tras el parto, la depresión postparto es persistente, profunda y debilitante.

Se manifiesta con: Tristeza constante o irritabilidad – Sentimientos de culpa o inutilidad.- Llanto frecuente sin motivo claro. – Dificultad para vincularse con el bebé. – Problemas de sueño o alimentación (más allá de los esperables por el cuidado del recién nacido). – Pensamientos de hacerse daño o dañar al bebé.

Cuando estos síntomas se agravan y se suman alucinaciones, delirios o comportamientos incoherentes, estamos ante un cuadro más severo: la psicosis postparto. La psicosis postparto afecta aproximadamente a 1-2 de cada 1000 mujeres y suele presentarse entre las primeras 2 a 4 semanas tras el parto. Es súbita, intensa y potencialmente peligrosa tanto para la madre como para su hijo. No se trata de “estar loca” ni de “ser débil”. La depresión postparto y su forma psicótica son enfermedades médicas que requieren tratamiento psiquiátrico.

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