- Publicidad -

Cuando poner límites da miedo (8 -12 años) 2/4

Por Hilma Feliciano

Es normal como padres sentirse incapaces algunas veces, especialmente cuando empiezan a llegar edades en las que ya no somos el principal punto de referencia. De manera sutil y gradual, empieza a importar más la opinión del círculo de amistades que lo que digan mamá o papá.

Aunque para muchos adultos parece que la preadolescencia o adolescencia “cambió a sus hijos” de un día para otro, los cambios en actitud, disposición y relación con la autoridad pueden hacernos sentir que perdimos su afecto o que ya no nos necesitan igual. Pero crecer no significa dejar de necesitar acompañamiento emocional. Solo cambia la forma en que lo expresan. Por ejemplo, pensemos en un niño de 10 años que cada vez que pierde un partido de fútbol pasa varios días irritable, reactivo o desafiante. No necesariamente es que “no sabe perder”.

Quizá está aprendiendo algo más complejo: tolerar equivocarse, manejar la decepción después de esforzarse y sostener la frustración sin sentir que eso dice algo sobre su valor personal. Y mientras intenta entender todo eso, también está tratando de que nadie note cuánto le afectó. A estas edades ocurre algo curioso: muchas habilidades que en la infancia temprana se entendían como parte del desarrollo empiezan a verse como decisiones conscientes.

Lo que antes se justificaba con un “todavía está pequeño” pasa a convertirse en un “ya tú estás grande para eso”. Vale la pena preguntarnos: ¿esto apareció ahora o es algo que estaba antes y esperábamos que cambiara solo con crecer? Cuando vemos que todavía hay algo que enseñar, el reto es poner límites sin que nuestra emoción como adultos se convierta en el castigo.

Loading

Descubre más desde eltiempo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo