En el fascinante universo del cine, dos vientos soplan con fuerza en direcciones opuestas. Mientras desde Asia emerge una tormenta creativa que nos inspira a soñar en grande con nuestras propias historias, desde Norteamérica se asoma la amenaza de un huracán proteccionista que podría limitar el horizonte de la industria global. Dos caminos, dos filosofías: la que nos impulsa y la que nos frena.
La llama de ‘Ne Zha’ La historia de China con su saga animada ‘Ne Zha’ es la crónica de un éxito que debería estudiarse en todas las escuelas de cine del mundo. Basada en una leyenda centenaria, esta película demostró que no se necesita hablar inglés ni tener a un superhéroe de Marvel para conquistar el planeta. Con una animación deslumbrante y una narrativa que explora la lucha de un joven por forjar su propio destino, ‘Ne Zha 2’ se catapultó como la película animada más taquillera de la historia. Este fenómeno es pura inspiración.
Nos enseña que la verdadera potencia de una industria no reside en imitar lo de afuera, sino en pulir y proyectar con orgullo lo de adentro. Para nosotros en América Latina, es un llamado a mirar nuestros propios mitos, a desempolvar las leyendas de la Ciguapa, la historia de nuestros héroes Taínos o las épicas de nuestros pueblos originarios.
‘Ne Zha’ nos grita que la autenticidad, cuando se viste de calidad universal, no tiene fronteras. Es un recordatorio de que en nuestro propio patio cultural y geográfico yace un tesoro listo para ser filmado y compartido. El muro del 100% En la otra cara de la moneda, nos encontramos con la preocupante propuesta de Estados Unidos de imponer un arancel del 100% a las películas que sus propios ciudadanos produzcan en el extranjero. Esta medida, nacida de una lógica proteccionista, es un freno de mano para una industria que, por definición, es nómada y colaborativa.
El cine es un arte que se alimenta de la diversidad del mundo. Grandes obras maestras han nacido de la mezcla de culturas, equipos y, sobre todo, locaciones que son un personaje más en la historia. Pensemos en «El Señor de los Anillos» y los paisajes de Nueva Zelanda, o en las innumerables películas que han encontrado en las calles de Europa o las selvas de Sudamérica el escenario perfecto.
Este posible arancel no solo castigaría económicamente a los productores, sino que limitaría la paleta de colores con la que los cineastas pueden pintar. Es una invitación a encerrarse, a contar historias desde una sola perspectiva geográfica, lo que a la larga empobrece la creatividad y nos desconecta. Mientras China nos inspira a llevar nuestras aldeas al mundo, esta política amenaza con reducir el mundo a una sola aldea.
Como industria, nos encontramos en una encrucijada representada por estos dos gigantes. El camino de ‘Ne Zha’ es el de la confianza cultural, la inversión en talento local y la ambición de contar historias propias con un lenguaje universal. Es un camino que inspira a cada rincón del planeta a encontrar su propia voz.
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