miércoles, mayo 22, 2024
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Orgullo del Este: Guandulito


PUNTA CANA, RD. Guandulito, cuyo verdadero nombre era Dionisio Mejía, emergió desde la tierra fértil de Higüey, provincia La Altagracia, un 23 de marzo de 1911. Su apodo deriva de sus ojos, embellecidos por el matiz del verde guandul.

La música, esa musa sutil que teje historias en armonía, se cruzó con su destino a los siete años, cuando su camino se dirigió hacia La Romana, bajo el cuidado de su tío Andrés Mejía, un maestro del acordeón.

Aquel instrumento se convirtió en su confidente, su cómplice en la creación de melodías que iban a conquistar corazones. Junto a Juvinita Rambalde, su compañera de vida, forjó un vínculo que dio fruto a una familia numerosa, y sembraron raíces que germinarían en el corazón musical dominicano.

Entre sus hijos, sólo uno, el renombrado Marcos Yaroide, siguió el camino de la música, abrazando el fervor de los cánticos cristianos. Guandulito irradió su esencia musical, y sus merengues rebosantes de jocosidad resonaban en cada rincón de la República Dominicana.

La Cariñosa, Vayase en paz, La mujer celosa, Amor de mujer y el Rebú son solo parte de una extensa lista de temas que conectaron con el gusto popular de su época.

En la región Este, de donde era oriundo, se erigía como una rara gema, pues pocos músicos de renombre surgían esta parte del país en el terreno del merengue típico.

Su ascenso como compositor se gestó bajo el amparo de Bartolo Primero, y más tarde, bajo el manto protector del empresario artístico Radhamés Aracena, cuya colaboración resultó en la grabación de la mayoría de sus obras.

En tiempos marcados por la sombra de Rafael Leónidas Trujillo, Guandulito entonó canciones dedicadas al tirano, entrelazando alabanzas a su régimen. Esta osada elección no estuvo exenta de consecuencias, ya que el cambio de poder llevó al declive de su popularidad, desatando el repudio del público.

Recordó con amargura los días de agresión física y la destrucción de sus acordeones, por el simple acto de cantarle al desplomado régimen. A pesar de las adversidades, el espíritu resiliente de Guandulito renació entre acordes y versos.

Canciones como «El cuento de la Guinea», «El Rebú» y «La Cariñosa» lo reintegraron al escenario musical, aunque la competencia se volvió fieramente desafiante.

La aparición de nuevos talentos como Tatico Henríquez, Bartolo Alvarado y Paquito Bonilla acrecentó la presión sobre su arte, llevándolo a enfrentar dificultades económicas que lo sumieron en la abrumadora pobreza.

Guandulito, el músico de los ojos verdes, trazó una trayectoria llena de altibajos, donde la música fue su faro, su guía a través de momentos gloriosos y adversidades insondables.

Su legado se entrelaza en las notas del merengue típico, un recuerdo viviente de un artista que desafió la adversidad con su arte, aunque su melodía se desvaneciera en la bruma del tiempo.