El congestionamiento vehicular en el Distrito Turístico Verón-Punta Cana se hace cada vez más insoportable.
El parque vehicular ha aumentado de forma acelerada, pero las calles siguen siendo las mismas: estrechas, mal planificadas y carentes de una estructura que soporte la magnitud del tránsito actual.
Miles de vehículos y motocicletas circulan diariamente por vías que ya no dan abasto, y lo peor es que cada día se suman más, sin que exista una verdadera respuesta de las autoridades.
El Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), responsable de planificar y regular el tránsito en el país, parece haber abandonado esta demarcación a su suerte.
Los ciudadanos de Verón-Punta Cana piden a gritos una intervención urgente, pero sus justos y válidos reclamos no son atendidos.
No hay planes de reordenamiento, no hay proyectos visibles de infraestructura vial ni existen vías alternas que alivien la carga. Todo lo contrario, lo que sí existe es un desorden creciente que amenaza la movilidad, la seguridad y hasta la imagen de un destino turístico que debería ser modelo de modernidad.
Es inaceptable que una zona que genera tantos recursos para la economía nacional viva atrapada en el caos vehicular. El desarrollo turístico y urbano de Verón-Punta Cana exige soluciones reales que incluyan ampliación de calles, construcción de avenidas alternas, regulación efectiva del transporte público y un plan integral de movilidad.
Ignorar este problema afecta la calidad de vida de quienes residen en esta zona, así como la experiencia de los millones de turistas que la visitan cada año.
El tiempo de esperar ya pasó. El Intrant debe actuar, y debe hacerlo ya.
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