Las interrupciones eléctricas que afectan a distintos puntos de la República Dominicana han vuelto a colocar sobre la mesa una preocupación que trasciende los apagones cotidianos, la capacidad del sistema energético nacional para responder al crecimiento de la demanda de los hogares, los comercios, las industrias y el sector turístico.
Higüey es uno de los municipios donde las dificultades con el servicio eléctrico han vuelto a generar preocupación entre residentes y comerciantes, una situación que refleja los desafíos que enfrentan distintas comunidades cuando se producen interrupciones recurrentes. Para las familias, la falta de electricidad dificulta las actividades cotidianas; para los negocios, puede representar pérdidas económicas, daños a mercancías y gastos adicionales para mantener sus operaciones.
Sin embargo, el debate energético nacional no se limita a los apagones que experimenta la población en la actualidad. También involucra la capacidad de generación, las condiciones de las redes de transmisión y distribución, las inversiones pendientes y el crecimiento sostenido del consumo eléctrico.
En junio de 2026, la demanda máxima instantánea del Sistema Eléctrico Nacional Interconectado alcanzó los 4,077.97 megavatios (MW), según informó el Ministerio de Energía y Minas. Mientras tanto, las proyecciones del Plan Energético Nacional 2025-2038 sitúan la demanda máxima en aproximadamente 7,595 MW para 2038.
Estas cifras evidencian la magnitud del reto que enfrenta el país durante los próximos años. Aunque las proyecciones no significan que la República Dominicana esté destinada a experimentar un colapso energético, sí plantean la necesidad de fortalecer la infraestructura y planificar cómo se responderá a las nuevas necesidades de electricidad.
Precisamente sobre este escenario llamó la atención el ingeniero civil Delfi Feliciano Cedeño durante su participación en el panel «Construcción Sostenible en la República Dominicana: de la obra al territorio», en el marco de la Semana de la Ciencia 2026.
Bajo el planteamiento «¿Cómo evitar convertirnos en la India del Caribe?», Feliciano advirtió sobre los riesgos asociados al acelerado crecimiento de la demanda eléctrica y la necesidad de incorporar criterios de sostenibilidad en el desarrollo inmobiliario y urbano.
Su exposición puso el foco en una cuestión que, con frecuencia, queda en segundo plano cuando se habla de electricidad: no basta con aumentar la producción energética; también es necesario revisar la manera en que se construyen y utilizan los espacios donde vive y trabaja la población.
«El problema energético no se resuelve únicamente produciendo más electricidad, sino también construyendo edificaciones que consuman menos», fue uno de los planteamientos centrales de su intervención.
*Construcciones que demanden menos electricidad
En un país de clima tropical, las altas temperaturas incrementan la necesidad de utilizar acondicionadores de aire y otros equipos de refrigeración. Cuando las edificaciones acumulan calor, carecen de ventilación adecuada o no incorporan soluciones para mejorar su comportamiento térmico, sus ocupantes pueden necesitar un mayor consumo eléctrico para mantener condiciones confortables.
Este comportamiento, multiplicado por miles de viviendas, establecimientos comerciales, hoteles y edificios, puede aumentar la demanda, especialmente durante las horas de mayor calor.
Ante esta realidad, Feliciano destacó la importancia de promover diseños bioclimáticos, aislamiento térmico, ventilación natural y tecnologías que reduzcan la dependencia de la climatización artificial.
Estas medidas permiten aprovechar mejor las condiciones del entorno, disminuir el consumo innecesario y contribuir a que las edificaciones sean más eficientes. Su aplicación, sin embargo, debe acompañarse de inversiones en generación, transmisión y distribución, así como de un mantenimiento adecuado de las redes eléctricas.
La eficiencia energética no sustituye la necesidad de producir suficiente electricidad ni resuelve por sí sola las fallas de distribución. Su importancia radica en que permite atender una parte del problema desde el diseño de las construcciones y el uso responsable de los recursos disponibles.
Un desafío que involucra al país
El crecimiento de la economía dominicana, la expansión de las ciudades, el desarrollo turístico, la actividad industrial y las nuevas necesidades de los hogares obligan a planificar un sistema eléctrico capaz de responder a una demanda cada vez mayor.
Esto implica ampliar la capacidad de generación, fortalecer las redes de transmisión, modernizar los circuitos de distribución e incorporar tecnologías que permitan aprovechar mejor las fuentes renovables. También requiere que los proyectos habitacionales, comerciales y turísticos contemplen las necesidades energéticas desde su etapa de planificación.
A la vez, las autoridades y las empresas responsables del servicio deben ofrecer respuestas concretas a las comunidades que denuncian interrupciones recurrentes, explicar las causas de las averías y comunicar las medidas adoptadas para mejorar la continuidad del suministro.
El reto consiste en evitar que el crecimiento de la demanda se convierta en una limitación para el desarrollo económico y la calidad de vida de la población.
¿Está preparada República Dominicana para los próximos 12 años?
La advertencia planteada por Delfi Feliciano desde UCATECI abre una discusión que va más allá de los apagones: cómo garantizar que el crecimiento del país esté acompañado por una planificación energética capaz de responder tanto a las necesidades actuales como a las futuras.
Las proyecciones hacia 2038 obligan a considerar no solamente cuánta electricidad deberá producirse, sino también cómo se distribuirá, qué inversiones serán necesarias y de qué manera se puede reducir el consumo sin afectar las actividades cotidianas ni el desarrollo económico.
El país enfrenta el desafío de combinar infraestructura, inversión, planificación urbana y construcción sostenible para responder a las necesidades de una población y una economía en expansión.
La pregunta que surge es si las decisiones que se adopten desde ahora serán suficientes para acompañar ese crecimiento y garantizar un servicio eléctrico estable durante los próximos años.
Porque el desafío energético no comienza únicamente cuando se apaga la luz. También se define cuando se planifica una ciudad, se diseña una vivienda, se construye un edificio y se decide cómo se utilizarán los recursos que necesitarán las próximas generaciones.
¿Está preparada la República Dominicana para afrontar el crecimiento de su demanda eléctrica sin comprometer la estabilidad del servicio?
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