Cosas que debes saber sobre una madrastra

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VERÓN.-A lo largo de nuestra vida crecemos con la idea de que un día encontraremos a nuestra pareja ideal, que nos casaremos (o no) y que quizás formaremos una familia… Pero nunca pensamos que nuestra pareja ideal tendrá hijas o hijos y que vendrá con la familia puesta. Ninguna mujer está preparada para eso

Uno de los comentarios que más repetimos las madrastras es: «Jamás hubiera creído que esto iba a ser así, no estaba preparada para todo eso». Recopilar información sobre las familias enlazadas y sobre el rol de madrastra te ayudará a formarte expectativas realistas, evitar algunos errores comunes e ir más segura a la hora de dar los primeros pasos.

También es posible que te anime a tener algunas conversaciones básicas con tu pareja que a menudo pasamos por alto con el idilio inicial. Estar informada no evitará al 100% las dificultades, pero te ayudará a verlas venir y a no quedarte atrapada en ellas. Algunas parejas consultan con terapeutas especializadas antes de empezar la convivencia y eso también suele ser una buena opción. Por nuestra parte te recomendamos conocer las fases de la formación de una familia reconstituida así como las fases por las que solemos pasar las madrastras.

Es cierto: no hay momento idóneo para formar una familia enlazada. Pero sí es necesario que nos fijemos en nuestras reacciones internas antes de dar el paso de conocer a l@s hijastr@s o de ir a vivir con nuestras parejas. ¿Me apetece? ¿Me siento segura en la relación? ¿Tengo energía ahora mismo para afrontar todas estas novedades y exigencias? ¿Cómo me apetece más hacerlo? Nunca lo diremos suficiente: es necesario darse tiempo como pareja para conocerse y forjar la relación antes de encarar el reto de llevar toda la familia.

La pareja va a ser el pilar de este núcleo lleno de tensiones, así que es necesario que haya podido hacerse fuerte… ¡y vivir un poco de luna de miel! Por otro lado, eso también da tiempo a l@s niñ@s para ir digiriendo la separación de sus padres (si es reciente) y hacerse a la idea. Ell@s necesitan las prisas tan poco como nosotras.

Durante los primeros años de convivencia es habitual tener la sensación de quedarte “fuera” cada vez que llegan tus hijastr@s a casa, es lo que llamamos el síndrome del forastero. El vínculo con su padre es muy fuerte y aunque es posible que todo el mundo te acepte, esa sensación tarda mucho en desaparecer. Siempre hay “pequeñas cosas” que marcan quien está en el núcleo y quien está en la periferia y no es fácil que tu pareja pueda verlo.

De cara a l@s niñ@s la mejor forma de ir integrándote es a través de sus aficiones y juegos, de sus intereses. Y empezar a compartir actividades en familia que sean nuevas (no hagáis de buenas a primeras el típico ritual de familia que hacían el padre y l@s hij@s antes de tu llegada porque todo el mundo se va a sentir raro).

Es momento de iniciar nuevos rituales, nuevas actividades, y si puede ser, que sean actividades en las cuales tú tengas más experiencia que el resto de la familia o que os sitúen en posiciones iguales, pues eso ayudará a romper esa dinámica de estar “fuera”. Para ponerlo en claro: mejor un juego de mesa que dar un paseo (donde lo más probable es que termine el padre con l@s niñ@s por un lado y tú andando sola en el otro).