Te debo un beso

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Él cree que lo sabe todo, porque ha gozado la oportunidad de tenerlo casi todo, incluso a ti. Ciertamente, hasta el momento le había sido muy fácil la vida. Hijo de la dicha de haber nacido entre el renombre y la buena fortuna. Caballero no por naturaleza, pero sí por apellido. Educado por obligación, pues tan prestigiosa familia, a pesar de los caprichos del niño rebelde, invirtió en los mejores colegios para lograr que recibiera desde sus estudios primarios, hasta el bachillerato; y aún más, le impusieron estudiar en la universidad, porque por tradición él debería ser un médico.
Tú, que nunca has presumido de saber más que nadie, sin embargo tuviste que aprender muy pronto la dureza de la vida, cuando tus padres optaron por terminar sus años de concubinato, y debido a ello pasaste a ser la mayor de los tres hijos, de una joven madre soltera. He ahí que empezaste a compartir la escuela y los juegos infantiles, con las responsabilidades del hogar, pues te habías convertido además, en la segunda madre de tus hermanos.
A ti, que nadie te exigía ni siquiera alcanzar el bachillerato, nada pudo contener tus anhelos de crecer y desarrollarte por ti misma en contra de las circunstancias. Únicamente la almohada y tú conocen del sacrificio que te costó, distribuir el tiempo como la joven mesera de un restaurante mediocre, y simultáneamente defender el más importante de tus sueños… ¡Estudiar en la universidad por tus propios recursos!
Sin interrumpir la ayuda que le dabas a tu familia, no escatimaste esfuerzos con tal de matricular en la carrera de tu vocación. Te habías propuesto ser doctora y ahí estabas. Al parecer, este sería el comienzo de tus mejores tiempos, porque para colmo, el chico más atractivo, más controversial y más adinerado del aula, te propuso iniciar un noviazgo.

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