Columna pluma del Este: un mejor sistema y menos presos

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(Elisa Mercedes/Especial para El Tiempo) El problema penitenciario de la República Dominicana es algo muy serio. Las cárceles, más que espacios reformatorios de personas, son más bien, almacenes de hombres vivos, hombres privados de su libertad, en muchos casos, sin saber si estos son culpables o no.

Mas de 16,200 dominicanos están privados de su libertad preventivamente, cifra que representa alrededor del 60 por ciento de los internos que guardan prisión en cárceles de nuestro país.

Esa situación hace que tengamos un problema de sobrepoblación y hacinamiento en los recintos carcelarios, establecimientos insuficientes para la gran cantidad de privados de libertad.

La lentitud con la que se sancionan los casos en la justicia, algo que se ha convertido en una cultura inaceptable, desde el punto de vista del derecho ciudadano, y es la que motoriza esta sobrepoblación carcelaria.

El problema está en el sistema judicial, en las trabas existentes para que la justicia sancione a tiempo y eficientemente cada caso; pero también debe ser una preocupación constante del Estado dominicano el hecho de que más personas se vean envueltas en problemas judiciales.

Debe velar el Estado dominicano por mejorar la calidad de la educación para que los ciudadanos y ciudadanas tengan un mayor acceso al disfrute del pan de la enseñanza y así podamos salir del lugar número 11 en la lista de los 20 países latinoamericanos con más casos de internos o reclusos.

En estos días se han escuchado las voces de congresistas sugiriendo la construcción o rescate de una cárcel ubicada en la isla Beata para colocar allí a los presos que mantienen sobrepobladas las pocas cárceles que tenemos. Ante esa sugerencia, ¿No sería más económico para el Estado mismo agilizar los procesos judiciales de los privados de libertad en condición de preventivos, que destinar cientos de millones de pesos a la rehabilitación de un reclusorio en la isla Beata?

Ahora estamos preocupados por no tener donde colocar a los más de 27 mil internos en los escasos reclusorios dominicanos ¿No sería más acertado preocuparnos más por la educación, alimentación, por más empleo, por la eliminación de la corrupción administrativa del Estado, para que la gente pueda desarrollar su proyecto de vida, disminuyendo la posibilidad de caer en la delincuencia?

Nunca olvidemos cómo es que se crea un delincuente. Sociedad y Estado tenemos el compromiso de recordarlo.