Hay una gran diferencia entre crisis y trastorno de angustia

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VERÓN.- La angustia es el estado de intranquilidad o inquietud muy intensas causado especialmente por algo desagradable o por la amenaza de una desgracia o un peligro.

Una crisis de angustia es un breve período de angustia, ansiedad o miedo extremos que comienza repentinamente y se acompaña de síntomas físicos y/o emocionales, pero un trastorno de angustia comporta crisis de angustia repetidas que conducen a una preocupación excesiva por crisis futuras y/o cambios en el comportamiento orientados a evitar las situaciones que podrían desencadenar una crisis.

Las crisis de angustia pueden ocurrir como parte de cualquier trastorno de ansiedad. Las crisis de angustia también pueden ocurrir en personas con otros trastornos psiquiátricos. Algunas crisis de angustia ocurren como respuesta a una situación específica. Por ejemplo, una persona con fobia a las serpientes puede experimentar una crisis de angustia ante la visión de este animal. Otras crisis suceden sin ningún desencadenante aparente.

El trastorno de angustia consiste en que la persona está preocupada por la posibilidad de sufrir más crisis de angustia y/o cambia su comportamiento para intentar evitar las crisis. La prevalencia anual del trastorno de angustia es del 2 al 3% de la población. Las mujeres tienen un riesgo de padecer trastorno de angustia unas 2 veces más alto que los varones. El trastorno de angustia comienza habitualmente al final de la adolescencia o en la edad adulta temprana.

Sin tratamiento formal, algunas personas se recuperan, especialmente si continúan enfrentándose a situaciones en las que se han producido crisis. En otras, los síntomas fluctúan durante años.

Sin embargo, cuando las personas afectadas han presentado crisis frecuentes y han cambiado su comportamiento para evitar posibles crisis futuras, suele ser necesario el tratamiento con fármacos y/o psicoterapia.

Las personas que padecen trastorno de angustia son más receptivas al tratamiento si comprenden que su trastorno implica la existencia de factores tanto físicos como psicológicos y que, por lo general, el tratamiento permite controlar los síntomas.

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