Presunción de imparcialidad de líderes religiosos

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PUNTA CANA. (Dario Irrizarry/Especial para El Tiempo). Con asombro, hemos visto al influyente líder religioso Elio Payano marcando un hito en la historia de las iglesias protestantes al tomar una posición poco usual en una persona de tanto respeto profesado por la colectividad, actuando en nombre de su feligresía, la misma que sustenta su denominación.

El espectáculo montado en días pasados por el Grupo Abriza fue el gran escenario abierto al discurso disociador que, tal y como hace referencia la “RAE” a su definición que (cito) como orador debe evitarse el discurso local disgregador, que solo contribuye a dividir los esfuerzos conjuntos necesarios para dirimir ideas y llegar a acuerdos en favor del provincialismo.

El liderazgo religioso no se parcializa, a menos que una acción global de un gobierno déspota afecte sensiblemente a la colectividad que en ese momento resulte vulnerable y por naturaleza del evento nace una empatía que da como resultado una afinidad que crea las condiciones de solidarizarnos con ella.

No pretendemos dar al pastor Elio Payano lecciones de moral, patrón conductual ni cosa que se le parezca; el respeto a su alta investidura me cohíbe. Pero sí es necesario decir que los líderes religiosos trascienden los conflictos de intereses grupales, asumiendo que su rol pastoral no está dado para crear divisiones en el seno de la sociedad y su conjunto, abrazando ideas y tomando decisiones personales paralelas al colectivo de un conflicto de intereses puramente empresarial de nuestra zona turística.

Fue muy duro (de todo corazón lo confieso) ver al pastor Elio Payano discursear con efervescencia “una arenga defensora de intereses particulares” que no suman al colectivo. Más bien, vi a un líder político-religioso defendiendo intereses partidarios “espurios” y personales. La energía consumida por el pastor en un escenario equivocado en defensa de un grupo, a quienes él situó en el lado de “los buenos” en contra de otro grupo ausente considerados como “los malos”, fue muy decepcionante.

Fijar posición sobre temas relevantes que envuelven intereses empresariales de toda una región es delicado para el común de los ciudadanos. Pero más delicado aún es cuando esa posición es tomada por un líder religioso que se presume debe permanecer imparcial y lucirse como mediador, tal como lo consagra las escrituras en Santiago 1:27 cuando reza: “La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es esta: atender a las huérfanas y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo”.

Con el respeto que siempre les he profesado a nuestras autoridades religiosas, en este tema es preciso mencionar el más grande caso de corrupción política que haya existido en los anales de la historia dominicana, que penosamente involucra la Iglesia y su pastora, sin hurgar atrás en el tiempo para desempolvar casos de enriquecimiento ilícito y tráfico de sustancias prohibidas que han involucrado líderes religiosos. Por lo que debemos cuidarnos de que estos casos toquen las puertas de nuestras iglesias y lleguemos a abrirlas de par en par, tentación humana que (sin honor a juzgar), se nos ha revelado el caso Coral.

De modo que, servir de retén a un caudal desbordado, inhalar y exhalar en situaciones descontroladas, crear avenencias en un matrimonio resquebrajado, intervenir en conflictos de intereses familiares, en el hombre pecador que le es infiel a su esposa, es tarea dada por Dios al pastor, en cuya labor se crece en su nobleza haciendo las veces de mediador imparcial, abrazando las causas comunes y sanas que unen una comunidad.

Cuando estas cosas confluyen, los resultados se expanden por la gracia divina y sus beneficios son recolectados por la diversidad.

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