Tomo la palabra

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Peña el estratega

Danilo Cruz Pichardo
danilocruzpichardo@gmail.com

He sostenido en otras entregas que el nivel intelectual de las personas se establece, regularmente, por lo que escribe y no lo por lo que habla. Y como el profesor Juan Bosch fue uno de los dominicanos que más escribió y la mayoría de sus obras son de alta calidad, es suficiente para considerarlo como el mejor de toda la historia. Fue un hombre de luces y conocimientos.

Sin embargo, la intelectualidad de un político no se relaciona necesariamente a la estrategia. Todo líder político tiene que tener por objeto la toma del poder. El poder se
puede alcanzar por la vía electoral, mediante un golpe de Estado o a través de las
armas. Al pasar las elecciones de 1966 Bosch se fue a Benidorm, España, a escribir y
la línea bajada al PRD fue la abstención electoral. Es así como el partido blanco no
participa en las municipales de 1968. Y al regresar al país el líder tampoco acude a las
presidenciales de 1970. ¿Qué vía se había propuesto el profesor? La abstención es
una decisión circunstancial, jamás se puede calificar como estrategia.

El que dio muestras de ser estratega fue el doctor Peña Gómez. El Acuerdo de
Santiago, en 1974, tenía el empuje necesario para derrotar a Joaquín Balaguer por la
vía electoral, pero es altamente sabido que el caudillo reformista estaba dispuesto a
matar a media población, incluyendo a los propios líderes de la coalición. Esa
abstención es valedera, pero obligaba al nuevo líder del PRD a diseñar una estrategia
para desalojar a Balaguer del poder. Y así fue.

Peña inscribió al PRD en la Internacional Socialista e hizo relaciones con grandes
líderes europeos, incluyendo a jefes de Estado, de Gobierno y primeros ministros. Y en
la región estableció importantes vínculos con Carlos Andrés Pérez, Rubén Berríos
Martínez, Tomás Borges, entre otros. En 1976 el PRD, vía convención, decidió acudir al
certamen electoral de 1978 llueva, truene o ventee. Al llegar los comicios se dio lo que
se esperaba, que el PRD ganara, pero que Balaguer y sus poderosos militares
intentaran desconocer la voluntad popular.
¿Qué ocurrió entonces? Que Joaquín Balaguer no resistió la presión internacional de
gobernantes europeos, de Jimmy Carter, presidente de Estados Unidos, de Carlos
Andrés Pérez, presidente de Venezuela y uno de los políticos más influyente de la
región, por el asunto del petróleo. Hasta los famosos liberales de Washington, que eran
legisladores y miembros del Partido Demócrata, con los cuales Peña Gómez había
construido lazos de amistad desde los primeros años de la década de los 70, se
manifestaron contra Balaguer.
La estrategia del PRD, con miras al torneo comicial de 1978, diseñada por el doctor
Peña Gómez, posiblemente fue la mejor que registre el siglo pasado. Y mientras los
perredeístas decidieron ir con todo al certamen, Bosch y su entorno visitaron los barrios
capitalinos, en plena campaña, para decirle a la gente que el PRD estaba engañando al

pueblo, que era un imposible ganarle a Balaguer. Un hombre como Bosch, que no creía
en elecciones, decidió participar en las de 1978, con el simple objetivo de oponerse al
PRD. Una ridiculez.