La pulcritud es el valor que nos impulsa a mantener la práctica habitual de la limpieza, la higiene y el orden en nuestras personas, en nuestros espacios y en nuestras cosas. Todos los días dejamos ver a los demás parte de nuestra personalidad y costumbres a través de nuestro arreglo personal, del esmero para trabajar, del cuidado al utilizar las cosas y, en general, en la limpieza que procuramos mantener en nuestra vivienda y en nuestro lugar de trabajo (tomado del libro “Educando en Valores Morales”)
En algunos momentos de nuestra vida nos preocupamos por dejar una buena impresión en las personas: elegimos con cuidado nuestro atuendo, peinamos con esmero nuestro cabello y acomodamos el interior de nuestro bolso… Esto lo hacemos de manera particular cuando vamos a solicitar un empleo, a asistir a una reunión de negocios o a cualquier otro acontecimiento que consideramos importante. Desafortunadamente, muchas veces esa primera impresión positiva dura poco tiempo; pasan los días y comienza a notarse cierto descuido en nuestra forma de vestir, en nuestros cajones y en nuestras pertenencias.
¿Por qué sucede esto? Sencillamente porque no estamos acostumbrados a vivir con orden ni a someternos a una disciplina que nos obligue a cambiar nuestros hábitos de comportamiento. Muchos de nosotros nos preocupamos porque toda nuestra casa esté extremadamente limpia para recibir familiares, amigos y relacionados a fin de sostener encuentros, celebrar fiestas, almuerzos y cenas; es decir, compartir de diferentes formas con nuestros seres queridos.
¿Todo esto está muy bien, pero se ha puesto usted a reflexionar que tan pulcro esta su interior? ¿Está tan pulcro como se ha preocupado por poner su casa? Le invito a que se fije bien a ver si no tendrá muy adentro, pero muy adentro de usted, alguna gaveta desordenada, llena de egoísmo, insensibilidad, ambiciones desmedidas, envidias, vanidad, amargura, deshonestidad, odio, falta de perdón… Si al realizarse sinceramente este análisis interno reconoce que dentro de usted habita alguno de estos antivalores, de nada le vale tener todo a su alrededor pulcro.
Si su interior está manchado por algún tipo de escoria, le aconsejo vivir este valor de manera integral para que pueda brindar un buen ejemplo a quienes le rodean. En Salmos 24 la Palabra de Dios nos da pautas de quién estará en el lugar Santo: “¿Quién subirá al monte de Jehová; y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas ni jurado con engaño”. Permitamos que la sangre de Cristo, que quita los pecados del mundo, limpie nuestro interior de toda maldad.
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