Psiquiatría en el siglo XXI

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Cerebro, glucosa y dieta

Cuando una persona refiere que “el mal comío no piensa”, está hablando a un mal
funcionamiento en los procesos cognitivos (operaciones mentales que realiza el
cerebro para procesar información).

Esto puede deberse, a factores genético, trauma de cráneo, un mal desarrollo neuronal
intrauterino que provocaría un trastorno del neurodesarrollo, debido al uso de
sustancias (cocaína, alcohol, marihuana, etc.) y el uso se algunos medicamentos
durante el embarazo; además el hecho de no llevar una buena nutrición durante el
embarazo, algunas enfermedades neurológicas en la niñez, también el hecho de
suspenderle los medicamento a los niños cuando estos padecen una patología como lo
es por ejemplo, la epilepsia, etc.

Todos los alimentos que ingerimos: carnes, tubérculos, legumbres, productos lácteos,
frutas, verduras, en especial los carbohidratos, acaban siendo reconvertidos en
nutrientes necesarios para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Entendiendo que el cerebro está formado por una red de neuronas que trabajan las 24
horas del día el mayor combustible que le permite funcionar es la glucosa.
Aproximadamente: El cerebro pesa 1.3 -1.5 kilos y consume el 20% en energía
metabólica, y el 5,6 miligramo de glucosa por cada 100 gramos de tejido cerebral por
minuto, a pesar de que el cerebro representa menos del 2% del peso corporal, gasta
hasta el 20% de la energía del total de la glucosa que fabrica el organismo.

El cerebro trabaja aun cuando estamos dormidos, este aumenta su consumo de
glucosa en condiciones de estrés y tareas mentales intensa, etc., por lo tanto, se debe
garantizar la producción adecuada de glucosa.

El nivel óptimo de glucosa mejora la memoria verbal y espacial. Sí baja el nivel de
glucosa están relacionados con la muerte neuronal, y esto a su vez afectar el estado de
conciencia, memoria o razonamiento, asociada con el deterioro cognitivo de las
personas; también los niveles altos de glucosa en sangre predisponen a tener
problemas de memoria y puede aumentar el riesgo de padecer las enfermedades
neurocognitivas.

Además, el aumento o la falta de glucosa entre otros nutrientes
esenciales durante el embarazo como también durante los primero 9 años de vida,
contribuye en la aparición y/o a aumentar la gravedad de los trastornos del
neurodesarrollo como lo son el autismo, discapacidad intelectual, etc.