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Con los ojos abiertos

Por Vianela Blanco Con los ojos abiertos

Dominio propio es sinónimo de prudencia. Es imprescindible contar con el autodominio en nuestras vidas para estimular la paciencia y aprender a tolerar los inconvenientes. El diccionario virtual nos define el dominio propio o autodominio como la capacidad de control sobre uno mismo; es una especie de señorío sobre nuestro carácter.

Es este valor el que moldea los impulsos de nuestro temperamento, por lo que resulta indispensable para la sana convivencia con los demás. El dominio propio es el valor del que dispone la razón para controlarnos ante cualquier evento o circunstancia que nos presente la vida y elegir los medios para resolverlo.

Al aplicar este principio moral hacemos que de manera automática entre en juego nuestra conciencia, gracias a la cual superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar. Si nuestra población contara con dominio propio no se materializarán la mayoría de los crímenes y delitos que pululan nuestra cotidianidad. Es pues una obligación de los padres y madres inculcar en nuestros hijos este valor.

El mismo será una herramienta indispensable que los librará de muchos inconvenientes y fracasos a lo largo de su existencia, convirtiéndolos en buenos gerentes en todos los aspectos de su vida. Si logramos hacerlo daremos a la sociedad entes capaces de respetarse ellos mismos, a los demás y a su país, preparados para enfrentar cualquier dificultad sin llegar a la violencia; y es que exhibimos dominio propio cuando hablamos demostrando sabiduría, pero también lo exhibimos cuando guardamos silencio.

Y como tapa al pomo les comparto esta reflexión titulada “Cuando Callas”, de George Elliot: “Cuando callas, también hablas de ti mismo. Cuando callas un secreto, conozco tu fidelidad de amigo. Cuando callas tu propio dolor, conozco tu fortaleza. Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu impotencia y tu respeto. Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y dominio. Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría. Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia. Cuando callas tus propios méritos, conozco tu humildad y grandeza”.

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