Llamados a volver a empezar siempre

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De pronto, cuando todo parece desolado por la congoja, los resentimientos, los recelos, las vacilaciones o las frustraciones, surge la fuerza nívea del deseo y todo se regenera. Porque querer vivir es hallarse y poder sentirse vivo. No rechacemos, en consecuencia, esta consustancial fortaleza, la que nos pone en camino del cambio y nos estimula a repensar sobre lo andado y lo que nos resta por recorrer.

Lo trascendente de todo ello, es alcanzar esa cognición que nos haga despertar para remover nuevos impulsos; y, mostrar de este modo, la audacia necesaria para ir hacia adelante. De las desgracias también se sale y, además, muy reforzado.

Mientras hay vida, la esperanza es capaz de rescatarnos, sólo hay que reorientarse para tomar conciencia, de que nos merecemos otras rutas más estéticas, con otro obrar más ético, viviendo de otra manera; y así, encender la estrella radiante de un porvenir más solidario, crecido por la valentía de hacer familia y recreado por el vigor de reconocernos creativos. En efecto, cada cual desde su espíritu innovador, debe dejarse interpelar para conseguir renovarse y poder partir de nuevo hacia originales sueños.

Volver a empezar, con el esfuerzo colectivo, es lo propio para poder reconstruirse y garantizar un futuro más humanitario, pues no solo hay que proteger el planeta, tenemos que restaurar tanto destrozo vertido sobre espacios naturales inmaculados y sobre existencias verdaderamente inocentes. Este dominador espíritu corrupto nos ha dejado sin alma; y, lo que es peor, sin apenas un horizonte para poder imaginar otro mundo más seguro.

Todo está en peligro de extinción, también nosotros por el creciente número de conflictos e inmoralidades que nos acorralan, por esa falta de consideración hacia toda existencia y de respeto de los derechos humanos y de la dignidad de todas las personas.

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