Una serie de filtraciones atribuidas a un memorando interno del Pentágono ha reactivado la atención diplomática internacional, al sugerir una posible revisión de la postura histórica de Estados Unidos en la disputa por las Islas Malvinas.
Según información difundida por agencias internacionales y medios europeos, el Gobierno estadounidense estaría evaluando su política sobre el apoyo a reclamos vinculados a antiguos territorios coloniales, entre ellos el caso de las Malvinas, actualmente administradas por el Reino Unido pero reclamadas por Argentina.
El Gobierno británico, encabezado por el primer ministro Keir Starmer, rechazó de forma firme cualquier cambio en su posición. Un portavoz de Downing Street aseguró que la postura del Reino Unido es “clara, consistente e invariable”, reiterando que la soberanía de las islas “no está en discusión”.
El posible ajuste en la política estadounidense se interpreta como un reflejo de tensiones recientes entre Washington y Londres, vinculadas a diferencias sobre conflictos internacionales, incluyendo desacuerdos en torno a operaciones militares en Medio Oriente. En ese contexto, el Reino Unido ha sostenido que las disputas deben resolverse mediante el derecho internacional y no por la vía militar.
Londres también reafirma que su presencia en el archipiélago se basa en el principio de autodeterminación de sus habitantes, recordando el referéndum de 2013, en el que la mayoría de la población votó por mantener su estatus como territorio británico de ultramar.
La canciller británica Yvette Cooper reiteró que el compromiso del Reino Unido con las Malvinas es “inquebrantable”, en línea con la posición oficial del Gobierno.
El posible cambio de postura de Estados Unidos ha generado interés internacional debido a su papel histórico en el conflicto, especialmente durante la guerra de 1982, cuando Washington brindó apoyo logístico e inteligencia al Reino Unido en el contexto de la disputa con Argentina.
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