Impacto económico fiebre porcina

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Un refrán popular dice “éramos muchos…y parió la abuela”, es la mejor frase para describir lo que para la economía dominicana viene a representar la situación de la peste porcina (PPA) o “fiebre porcina”, que sumada a los efectos del COVID-19 se combinan para agudizar más la crisis en nuestra economía.

Actualmente tenemos un brote importante de la fiebre porcina africana, para la cual no existe vacuna, la forma más efectiva de detener su avance es mediante el sacrificio del animal de forma masiva. En la historia dominicana cada cierto tiempo se experimenta esta situación provocando grandes pérdidas económicas para ese segmento de la producción nacional.

En RD se registran más de 365 grandes productores y alrededor de unos 21 mil pequeños y medianos productores de carne de cerdo certificados, en adición la producción informal que se genera traspatio, siendo esta una fuente importante de ingresos de muchas familias principalmente en la región de Cibao y algunas provincias del Este, especialmente en La Altagracia.

Esta producción teniendo como destino de consumo la familia dominicana, constituye la segunda carne más consumida en la canasta familiar, también esta carne es consumida en la producción de embutidos, lo que supone que la disminución de la oferta de la carne de cerdo puedo ocasionar una mayor demanda de pollo y por consiguiente un incremento en el precio de dicha carne.

Los expertos han indicado que no afecta a los humanos, por lo tanto no existe riesgo de contagio. La FAO, ante el brote en República Dominicana, recomendó “fuertemente” a los países de la región a “reforzar los controles fronterizos para prevenir el movimiento de cerdos y productos porcinos. Aumentar el control de objetos personales de los viajeros que regresan de República Dominicana. No se debe permitir que estos viajeros visiten granjas ni bosques”.

De acuerdo a la Federación Dominicana de Porcicultores, en el país se producen alrededor de 110 mil cerdos mensuales, contando con cerca de 80 mil madres y con aproximadamente 600,000 m² de instalaciones para dicha producción. Las mismas fuentes estiman que cerca de 50 mil de estas cerdas corresponden a granjas comerciales e industriales, ubicadas principalmente en el Cibao Central (provincias Espaillat, Santiago, La Vega y Hermanas Mirabal) y el resto, a criadores de patios diseminados por todo el país.

Hasta el próximo comentario

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