EXIGUAS INICIATIVAS

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EL SEIBO. Uno de los diagnósticos más difíciles que recibe una familia es el de una afección mental aguda o de difícil control como la esquizofrenia y cualquier trastorno psicótico que requiera medicación constante. Situación que Carla Cueto vivió cuando poco a poco empezó a notar acciones anormales en su hermano. 

Y es que, aunque poco se hable de la salud mental, cuando esta se afecta y cambia la vida cotidiana de las personas junto con la salud física, en República Dominicana, el tema no solo es tabú, sino que también, son exiguas las iniciativas que pretendan cuidar esta parte humana. Dichas alteraciones mentales o trastornos psiquiátricos, implican cambios en el pensamiento, en las emociones y en la conducta. 

“Un día comenzó a dar palos dentro de la casa, era tan incontrolable que tuvimos que pedir se lo llevaran preso, hasta que solicité fianza y lo llevé al hospital. Ahí le pusieron medicación y no quería tomarla. Teníamos cita y era imposible llevarlo. Agarró un día a mi hijo y me lo estuvo casi matando, tuve que mudarme corriendo. Sufrimos muchísimo con esa situación. Esa enfermedad le comenzó desde joven”, rememora cueto sobre su hermano enfermo. 

Cueto destaca que, aunque ya está en control, porque su pariente accede a tomar los medicamentos, pasaron años de zozobra, debido a que seguía renuente a asistir al médico y administrarse la medicina, por lo que, continuaba causando daños en la casa. “Han sido 30 años de lucha. Toma cinco pastillas al día que se compran cada 15 días por un costo de dos mil y pico de pesos. Él tenía un motor de conchar, pero ya nadie se subía con él”, describe. 

En las calles de la región Este es común ver enajenados mentales deambulando.

PUNTO DE VISTA DE ESPECIALISTAS 

El año pasado el Ministerio de Salud Pública, a través de su departamento de Salud Mental, presentó un informe donde señaló que la ansiedad, los trastornos de sueño y la depresión continúan siendo las causas más frecuentes en las consultas de salud mental en la República Dominicana, como producto del síndrome respiratorio agudo severo, SARS-CoV-2 (COVID-19). 

Para la psicóloga Keila Álvarez si no hay salud mental las personas no pueden ser entes productivos, debido a la aparición de distintos trastornos relacionados con el entorno social. “No habrá buena salud física, si no hay salud mental, porque podrían aparecer lo que llamamos trastornos psicosomáticos. Esta es esencial para el bienestar de la sociedad”, advierte la experta. 

Manifiesta que, una de las graves consecuencias de no atender la salud mental, es la de una población altamente violenta y estresada, con una sensación de desolación en la cual los índices de producción generalizados decaerán. 

De su lado, el psiquiatra Juan Santana, afirma que en países desarrollados se invierte más en salud mental que en cualquier otro tipo de enfermedad, aunque “aquí no pasa lo mismo porque no estamos acostumbrados a ver este tipo de afección como propio del organismo, sino que aún existe mucho tabú y estigma”. 

Ambos especialistas coinciden en que una población sana mentalmente, es garantía de un país productivo, a la que, alegan es muy poco lo que se invierte en salud mental, a pesar de los programas que se están creando para implantarse en los barrios. 

Santana, por su lado, señala como otro problema el que casi no haya psiquiatras, debido a la falta de interés en el área, y que en el Este solo hay cinco psiquiatras y a nivel nacional apenas llegarían a 200. 

“Hay que invertir más en esta profesión y enfocarse en que la gente entienda que la salud mental es real y debe cuidarse. Se necesitan muchas charlas y conferencias. La productividad que nos quitó la pandemia ha traído como consecuencia una rebeldía social. Las secuelas que está dejando son evidentes, a pesar de que todos somos agresivos”, dijo Santana. 

SITUACIÓN EN REGIÓN ESTE 

La OMS describe la salud mental como un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes.

Durante el 2021 los hospitales de la región Este efectuaron 5 mil 918 consultas de psiquiatría, de las cuales, el 65.17% fueron de mujeres y el 34.83% de hombres. Un 76.38% de las consultas era subsecuente y el resto acudió por primera vez al consultorio. En cuanto a la nacionalidad, 5 mil 464 eran dominicanos y 451 haitianos. 

Mientras, la provincia que mayor número de consultas realizó en dicha área, según la actualización del informe de estadísticas del Servicio Nacional de Salud (SNS), fue San Pedro de Macorís, con 3 mil 704, seguido por El Seibo con 838 y La Altagracia 795. En tanto, La Romana registró cero consultas, y el hospital que más personas atendió fue el Antonio Musa. 

En este contexto, recientemente la gobernadora de San Pedro de Macorís, Aracelis Villanueva, anunció que serán recogidos todos los enfermos mentales que deambulan por las calles de la provincia. 

La representante del Poder Ejecutivo manifestó que trabaja conjuntamente con Monseñor Santiago Rodríguez, en la habilitación de un área en el antiguo hospital Carl Theodoro George para tratar a todas las personas que padezcan de problemas mentales. 

En tanto que, en La Romana, el sector religioso demostró su preocupación por la condición en la que viven los enajenados mentales de esa ciudad, a la vez que pidieron al Estado dominicano dedicar parte del Presupuesto Nacional para ayudar a resolver esta situación, habilitando un recinto donde estas personas con condiciones especiales puedan ser atendidas. 

Destacaron que las calles de La Romana están “invadidas” por enfermos y lo atribuyeron a inexistencia de programas de atención especial para estas personas. “Se puede habilitar un espacio con tantas casas abandonadas que hay. Un albergue especial para ellos y el costo operacional de ese proyecto no es alto, porque se puede financiar hasta con el aporte de iglesias, de instituciones públicas y de empresarios romanenses”, enfatizaron. 

La situación de Higüey es muy particular, ya que en el municipio estaba el único centro que albergaba a enfermos mentales, sin embargo, en noviembre, después de varios días de conflictos, el Ministerio de Salud Pública asumió el cuidado de 17 personas que viven con diferentes condiciones de salud mental y que permanecían en el Hogar Emaús, ubicado en la comunidad de Matachalupe, pero luego fue cerrado. Los enfermos mentales fue- ron distribuidos en varios centros del país. 

Las autoridades del MSP explicaron que, ante las condiciones de estas personas, en su mayoría jóvenes, y las necesidades económicas que enfrentan los administradores del Hogar Emaús, decidieron el cuidado de los pacientes como” parte de la responsabilidad de Salud Pública de garantizar el derecho a la salud de la población, en cualesquiera circunstancias”. 

UN REVÉS POR COVID-19 

Durante 2021 los hospitales del Este registraron 5,919 consultas de psiquiatría.

La pandemia por la COVID-19, no solo vino a quebrar economías y colocar en un hilo la salud de la población mundial, sino que, además, agudizó los problemas mentales y colaboró en la creación de otros, así lo afirman especialistas de la conducta humana. 

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), advirtió recientemente en su publicación anual que los efectos de la covid-19 sobre la salud mental y el bienestar de niños y jóvenes podrían prolongarse durante muchos años. 

De junio de 2020 a agosto de 2021, en el país, la Línea Familiar Contigo de UNICEF, atendió 5.305 casos, de estos 1.482 fueron menores de 17 años. A su vez, se detectaron 459 casos en situación de riesgo severo de salud mental, de estos 102 corresponden a niños, niñas y adolescentes, de los cuales en un 61% corresponden a situaciones de riesgo suicida y autolesiones.