El consejo de don Juan Bosch 3/3

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-Don Juan ¿qué tengo que hacer para ser un buen escritor?- Me miró con esa mirada incisiva, casi fría por el color de sus ojos azules. Y ese tic nervioso de su rostro—, joven —, me dijo -solo tiene que leerse el Quijote veinticinco veces ¿comprende?-.

Me despedí con tantas preguntas que todavía no recuerdo cómo salí de la casa. Todavía esa voz me resuena, no por la brevedad de las palabras que me dijo, sino por lo que ha significado para mí en todos estos años transcurridos sus palabras.

Pero en ese instante me congelé, no entendí la magnitud de su consejo. Simplemente no encontré las respuestas de mis preguntas. ¿Quizás yo no estaba a la altura por la edad para entender la respuesta de don Juan a mi pregunta? Ni tenía el conocimiento para apreciar el valor de sus palabras.

Recogí mis pasos por el mismo lugar por donde había entrado esa mañana a la casa del maestro de la literatura dominicana. Luego de esa conversación casi monologa, entre mi silencio y don Juan ha pasado largo tiempo para que yo pudiera entender, apreciar y descubrir el valor de sus palabras, que el maestro me había regalado ese día. Todavía hoy me persigue su arrastrada voz a lo largo de todos estos años, la recuerdo a pesar de que no me llevé de su consejo por un largo tiempo.

Llegué hasta creer que me dijo ese consejo para salir del paso. Un día desperté y la voz de don Juan tomó cuerpo en mi conciencia y empecé a leer el Quijote, y decidí llevarme del consejo del profesor. Su voz se sembró en mí con el paso de los años y quedó grabada en la conciencia.

Ahora cada primero de octubre de cada año me compro un Don Quijote de la Mancha, de Miguel Cervantes y lo leo como si fuera la primera vez, y en cada lectura que hago me encuentro con la voz sosegada de don Juan y su consejo, que me sale como si yo asumiera la personalidad de Sancho y la de El Quijote: solo tienes que leer el Quijote veinticinco veces.

Ahora, cada primero de octubre de cada año, voy a la librería y compro el libro de Cervantes y lo leo, con el tiempo me he convertido en un coleccionista de ese libro. Y cuando alguien me pregunta un consejo para mejorar la escritura, el consejo que me llega a los labios es el de don Juan: léase el Quijote veinticinco veces.

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