Una tarea compleja 

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Cuando en su condición de candidato presidencial Luis Abinader caminaba las calles de nuestra geografía, hizo frecuentes sus promesas de que ejercería un gobierno honesto, transparente y drástico con las incorrecciones. 

Entonces el pueblo lo favoreció otorgándole una aplastante y contundente victoria frente al Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Su triunfo llegó en medio del hartazgo social motivado por el comportamiento cuestionable de importantes actores de gobiernos pasados. 

La sociedad dominicana veía cómo muchos funcionarios de origen humilde, sin tradición empresarial alguna, se enriquecían a ritmo galopante y con asombrosa facilidad. Y ese bienestar facilón y sin mayores esfuerzos era restregado en pleno rostro a la pobreza que experimentaban decenas de miles de familias. 

La exclusión y carencias de todo tipo se agudizaban en aquellos sectores históricamente olvidados. La decepción y el malestar popular fueron creciendo, hasta volverse causa común de expresiones de repudio colectivo hacia la clase política gobernante. 

El pueblo quería experimentar lo nuevo, y reclamaba un cambio práctico y real en la conducción del Estado. Y confió sus esperanzas en la propuesta de gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM). 

El presidente es plenamente consciente de su gran responsabilidad frente al pueblo que lo eligió para enderezar lo torcido, y para sentar precedentes que sirvan de ejemplo para la posteridad, como prometió siendo candidato. 

Es una tarea compleja, porque como jefe de Estado Luis Abinader tendrá que lidiar con las implicaciones propias del ejercicio del poder, que inevitablemente genera, fricciones y descontentos dentro y fuera del entorno gubernamental.