HIGÜEY. Cada mañana, desde las 6:00, Pablo Luis Castillo, de 65 años y su esposa, Juana Monegro, de 58, salen de Verón hacia Higüey para comercializar agua de coco, un pequeño emprendimiento que Pablo inició después de 15 años como conductor de guaguas amarillas y que hoy constituye el principal sustento de su familia. El negocio comenzó después de la pandemia, cuando Pablo decidió solicitar su liquidación y utilizar esos recursos para iniciar una nueva actividad económica. Empezó con un pequeño carrito y, con el paso del tiempo, logró adquirir una camioneta que utiliza desde hace aproximadamente tres años para desarrollar el emprendimiento.
El caso de Pablo y Juana refleja una realidad más amplia de la economía dominicana. En 2024, las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) representaban el 32 % del PIB y concentraban el 61,6 % de los ocupados. Ese mismo año, un estudio de Alegra sobre más de 700.000 emprendedores de América Latina situó a República Dominicana entre los países con mayor proporción de emprendedores de 35 a 54 años, con un 40,1 %, por encima del promedio regional.
En cambio, los mayores de 55 años representaban el 21,3 % de los emprendedores dominicanos, por debajo del promedio latinoamericano. Actualmente, la venta de agua de coco les permite cubrir los gastos del hogar y contribuir al sostenimiento de sus hijos, mientras enfrenta los mismos retos que afectan a otros pequeños comerciantes: el costo de la materia prima, el combustible y las condiciones climáticas.
La pareja estimó que sus ventas generan entre RD$15,000 y RD$20,000 al mes, aunque los ingresos varían según las condiciones del tiempo. Los días lluviosos suelen reducir la demanda, mientras que las jornadas de mayor calor favorecen las ventas. Para abastecer el negocio, los esposos se trasladan hasta Nisibón o La Cruz del Isleño, donde compran los cocos directamente a sus proveedores.
Cada unidad tiene un precio de alrededor de RD$250, aunque la pareja obtiene una rebaja por ser compradores recurrentes, ya que realiza estas compras entre dos y tres veces por semana. La cantidad que adquieren depende del ritmo de ventas. En algunas jornadas llegan con alrededor de 100 cocos y logran venderlos todos, mientras mientras que otros días pueden terminar con entre 10 y 15 unidades sin vender. Al precio de referencia de RD$250 por unidad, una carga de 100 cocos representa un desembolso de unos RD$25,000 antes del descuento, lo que muestra el peso que tiene la compra de materia prima dentro de los costos del pequeño negocio.
UN NEGOCIO CONSTRUIDO CON ESFUERZO
Pablo y Juana han basado parte de su negocio en el trato directo con los consumidores. Su simpatía y atención cercana les han permitido crear una clientela que acude con frecuencia a comprarles. “Tenemos los mejores clientes del mundo. Son muy buenos”, expresa Pablo al referirse a las personas que han respaldado su actividad comercial. Para la pareja, mantener esa relación con los compradores es parte importante de un negocio que se construye día a día y que depende, en buena medida, de la recurrencia de sus clientes.
SEQUÍA CAMBIA EL RENDIMIENTO DEL COCO
Pablo explicó que la actual temporada de sequía ha reducido la cantidad de agua que contienen los cocos. Según relató, anteriormente necesitaban entre seis y siete cocos para obtener un galón de agua, mientras que ahora pueden requerir hasta 10 para alcanzar la misma cantidad. Esto significa que, para producir el mismo volumen de agua de coco, el negocio debe utilizar más materia prima. A ese factor se suma el precio de compra. Pablo calcula que un galón puede representar un costo de alrededor de RD$700, mientras cada vaso de agua de coco se comercializa a RD$100.
“Si sube la gasolina y llueve, los proveedores nos aumentan el precio de compra y nosotros tenemos que ajustar el precio al cliente”, explica. El caso de Pablo refleja la dinámica de numerosos pequeños emprendimientos que surgen como alternativas de generación de ingresos y que dependen de factores como el costo de los insumos, el combustible, la demanda y las condiciones del mercado. Para él y Juana, cada jornada comienza temprano y termina con el balance de una actividad que, más allá de vender un producto tradicional, se ha convertido en la fuente de ingresos con la que sostienen su hogar.
![]()


