Crisis de Haití no altera en nada cotidianidad de haitianos en la región Este

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VERÓN. Las relaciones diplomáticas entre República Dominicana y Haití siempre han sido engorrosas por diversas cuestiones. Y como si fuera poco, en los últimos meses las crispaciones entre ambas naciones crecieron y mientras surgen rumores, crecen las tensiones y se comparten las desgracias. 

Debido a la situación del vecino país, el Gobierno dominicano adoptó duras medidas para frenar la inmigración haitiana, por la severa crisis política y de seguridad. “Todas las medidas tomadas han sido oportunas y certeras. Haití tiene una gran crisis, ahora se trata de la supervivencia del país. Ante la actual situación, no podemos escatimar esfuerzos para evitar que esto nos impacte”, afirma el politólogo Daniel Pou. 

Sin embargo, el día a día de los ciudadanos haitianos en territorio dominicano sigue y gira entre largas horas de jornada laboral en los campos de caña, limpieza y siembra de rubros o en la construcción a decenas de pies de altura bajo el inclemente sol caribeño. Así, los haitianos cumplen el sueño dominicano que le ofrece mejores condiciones de vida: trabajo, salud y educación. 

Las calles de la región Este se convierten en trampolín de oportunidades, cada vez que un haitiano sale a recorrerlas u ocuparlas para poner sus puestos de venta de rubros, frutas, accesorios de celulares, legumbres o dulces. Todavía es recurrente escuchar a las haitianas pasar en horas en la tarde por los barrios de los pueblos del Este, vociferando “dulce de maní”, o encontrárselas apostadas en la carretera El Seibo-Higüey vendiendo guandules y maíz asado. 

Otros, con el tiempo, se superaron y lograron comprar tierras y poner sus propios negocios. La venta de ropa de pulga es otra actividad habitual, cuyas imágenes son asiduas en El Seibo y La Romana. 

POBLACIÓN 

El aumento de la cantidad de nacionales haitianos que emigran a República Dominicana ha sido un tema de debate constante en hogares dominicanos y escenarios públicos. La ciudadanía tiene la percepción de que hay millones residentes en el país y que cada día llegan más. Estadísticas oficiales hablan de 751 mil residentes de origen haitiano. 

Se estima que contando con la inmigración ilegal la cifra de haitianos aquí supera el millón y el número oficial de habitantes en República Dominicana es de 10.1 millones. Datos oficiales en los últimos cinco años reflejan que las personas llegadas de Haití aumentaron un 8.6 por ciento, llegando a ser 497.825, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inmigrantes. 

La zona Este, pese a no ser una región fronteriza, posee una cantidad considerable de haitianos que se dedican a diversas actividades, como son la venta de rubros y frutas, el corte de caña, la construcción, el trabajo de campo, e incluso, diferentes ocupaciones en el sector hotelero. Muchos de ellos organizados en bateyes formales o improvisados. 

La referida encuesta revela que, entre las provincias con mayor cantidad de inmigrantes haitianos en el Este, El Seibo y La Altagracia llevan la delantera. La primera con un 19.6% y la segunda con el 16.7%. La Romana, por su lado, cuenta con el 13.5%. Estas demarcaciones quedan solo por debajo de las provincias fronterizas que alcanzan hasta un 26%. 

GASTOS MÉDICOS 

El año pasado, el exdirector del Servicio Nacional de Salud (SNS), doctor Nelson Rodríguez Monegro, hizo la denuncia de que anualmente, solo en parturientas haitianas, el Estado dominicano gastaba más de cinco mil millones de pesos. Además de que 308 mil 300 consultas costaron al Estado 242 millones, mientras que en emergencias se gastó un millón 101 mil 725 pesos. 

En la región Este, de acuerdo con datos recogidos por este medio, el año pasado en San Pedro de Macorís, La Romana, La Altagracia, Hato Mayor y El Seibo los partos de madres haitianas ocuparon el 28.4%, con 1,652 nacimientos de un total de 5,816 partos registrados. En El Seibo, por ejemplo, en el mes de septiembre 29 haitianas dieron a luz en el hospital Teófilo Hernández de un total de 78 partos realizados. 

Asimismo, 213 haitianas parieron entre los meses de enero a octubre de ese año. Los gastos en que incurre este centro médico en un parto de bajo riesgo y sin complicaciones ronda los 3,000 pesos, mientras que, si es vía cesárea o vaginal de riesgo, el consumo se eleva por la cantidad de medicamentos y material gastable que se utiliza, a un costo aproximado entre 4,500 y 5,000 pesos. 

El director del hospital Leopoldo Martínez, en Hato Mayor, Bruno Cuevas, manifiesta que este centro usa medio millón de pesos todos los meses en gastos a nacionales haitianos, básicamente en las parturientas. Explica que hacer una cesárea conlleva un costo de 11 mil pesos y el 70% de los partos son de haitianas.

“La subvención que nos da el Gobierno se va completa en atender par- tos, mujeres, niños y ancianos haitianos. Las consultas de obstetricia y pediatría están repletas de estos ciudadanos, pero no voy a negarles la atención a ninguno. Todo el que llega a un hospital público hay que atenderlo, pero entiendo que el paciente extranjero debería tener una cuota”, sugiere. 

CONSTRUCCIÓN POR TURISMO 

La comunidad haitiana en la turística zona de Verón-Punta Cana, está constituida básicamente de los obreros que se dedican a la construcción. Aquí, por ser un lugar predominantemente turístico se desarrollan constantes proyectos que implican el uso de mano de obra, es ahí donde entra esta población del vecino país de Haití. 

La situación con los obreros haitianos en el sector construcción de esta localidad es tal que el secretario general de la Construcción del Distrito Verón-Punta Cana, Moisés Reyes, pidió a los empresarios de esta zona, una mayor participación de dominicanos en la edificación de obras, puesto que, a su juicio, personas extranjeras son las que ocupan estas plazas. 

Aquí hay comunidades que están compuestas en su mayoría de haitianos, tal es el caso de Monte Verde, antiguo Mata Mosquito. Allí se puede observar que buena parte de sus residentes son de nacionalidad o de descendencia haitiana. Otro sector que basta solo con recorrerlo, es el Hoyo de Friusa, en ese lugar todos los vendedores son haitianos.

De igual manera ocurre en Villa Esperanza, donde los residentes que predominan son provenientes de la nación vecina. Los haitianos que hacen vida en este distrito municipal, subsisten mayormente de las ventas informales de futas, cremas, el sector construcción y de ser motoconchistas. 

PRINCIPALES SECTORES 

La agricultura y la construcción han sido de los sectores más ocupados por los haitianos en este lado de la isla. Un 29% de los trabajadores de la construcción aquí son haitianos, y la mano de obra extranjera llega al 60% en la primera etapa de la construcción, según Instituto Nacional de Migración (INM). 

Por citar un caso, en el municipio Higüey, los haitianos que se dedican a la construcción no están organizados por grupos o por asociación, sino que se reúnen en varios puntos estratégicos de la ciudad, en horas de la mañana, donde son seleccionados por los clientes, quienes escogen a quienes consideran puede hacer el trabajo. 

En esta selección al azar, los clientes y los que venden su mano de obra no se conocen y probablemente nunca más vuelven a verse, ya que las ofertas de obreros son muchas. Así lo estableció uno de ellos, quien dice llamarse “Jean”. 

“Es independiente. Por ejemplo, tú tienes un trabajo y me busca para yo hacerlo”, dijo uno de los trabajadores apodado Ruddy, el cual se dedica a la construcción en Higüey, pero a diferencia de la mayoría, no está en los puntos estratégicos porque tiene clientes fijos. 

El costo de la mano de obra va a depender de lo que quiera el cliente y de cómo prefiera pagar. Cuando es por ajuste tiene un precio distinto al pago por día. Ruddy explicó que en la actualidad la mano de obra se está pagando entre novecientos a mil pesos a un ayudante, al que liga la mezcla mil pesos, al que carga la mezcla novecientos pesos y el maestro cobra por encima de los mil seiscientos pesos. 

MEDIDAS DEL GOBIERNO 

Las medidas dispuestas por el presidente Luis Abinader, con el fin reducir la inmigración desde Haití, en momento en que ese país vive una crisis de inseguridad e inestabilidad política van desde impedir el ingreso al país de mujeres extranjeras a partir de los seis meses de embarazo hasta la suspensión del programa especial de visa estudiantes haitianos se suma a la lista. 

También, el Consejo Nacional de Migración (CNM) otorgó a finales de septiembre un plazo de tres meses a las empresas y empleadores para que regulen a sus trabajadores extranjeros. El CNM también advirtió a las empresas que el 80 % de sus empleados debe ser dominicanos y el resto extranjero, como lo indica el Código Laboral. 

Asimismo, auditar el Plan Nacional de Regularización para determinar si las personas incluidas califican, limitar solo a casos de emergencia, el acceso a los hospitales públicos de todo el país a los inmigrantes irregulares y reforzar la frontera con más de 12,000 hombres que fueron diseminados en toda la frontera, desde Montecristi hasta Pedernales. 

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