El Seibo huracán María

El Seibo: Huracán María dejó sin nada a personas que vivían con lo poco

El Seibo huracán María
Sector de Salta Maco, otro de los barrios que devastó el fenómeno.

EL SEIBO. Necesidad. Esto lo único que se puede palpar en los sectores Capotillo, Ginnandiana, Barrio Puerto Rico, y otros más de esta ciudad, donde en un sólo día sus residentes perdieron todo lo consiguieron con muchos años de trabajo y esfuerzo.

“El río entró y nos dejó sin nada”, se escucha decir en repetidas ocasiones a las personas que fueron seriamente afectadas recientemente por el huracán María, que a pesar de no haber impactado con todo su poderío el país dejó a miles de familias sin techo y sin propiedades.

Esta nueva vida para los afectados de este fenómeno natural resulta bastante difícil: sin energía eléctrica, agua potable ni un lugar donde dormir. Estas precariedades obligan a estas personas a pedir con urgencia una mano amiga del Gobierno central y de las autoridades locales.

La situación es penosa para estas personas.

La situación que viven actualmente es una de esas que ningún ser humano quisiera experimentar. Sus electrodomésticos y demás enseres para el hogar quedaron destruidos o inservibles por las inundaciones que sufrieron sus casas. Los residentes en Ginnadiana limpian los colchones húmedos con la esperanza de que se sequen con la luz del sol, mientras que otros se re signan a dormir en ellos o los echan a la basura.

Las calles se encuentran irreconocibles y enlodadas. Los desechos de las casas inhabitables es también un escenario recurrente en medio de esta calamidad. La señora Leonora Sánchez cuenta con voz entrecortada los momentos de desesperación que vivió durante el paso de este poderoso huracán.

“Fue algo terrible. Ese río, en los 25 años que llevo viviendo aquí, nunca había subido de esa manera; nos asustamos todos; pensamos que nos ahogaríamos, ya que el agua nos alcazaba por encima del pecho”, recuerda Sánchez.

Añade que lo más difícil para ella fue tener que dejar todas sus pertenencias, para irse a uno de los refugios habilitados por los organismos de socorro en El Seibo. Sin embargo, agradece resignada que “por lo menos continuamos con vida”.

A esta mujer ya no le quedan más lágrimas para llorar, porque desde que María le arrancó de encima lo poco que tenía, es lo más que ha hecho en estos días. Los niños siguen traumados ante esta tragedia.

Algunos de los hoy damnificados los han llevado a casa de familiares, para que no sufran de cerca la realidad cruda y amarga que viven sus padres. Y los que no tienen esa facilidad, entonces integran a sus vástagos a la construcción de un nuevo comienzo para sus vidas. En el sector Salta Maco la situación es aún peor, porque vientos huracanados se encargaron de derrumbar las casas.

En este sector, más próximo a la riada, afirman sus residentes que no hubo una logística implementada por los organismos de socorro en esta zona para protegerlos de dicho evento. El camino vecinal de esa localidad quedó reducido a lodo. La desesperación es tan visible, que las personas piden dinero o cualquier tipo de ayuda a todo el que transita por el lugar.

Marta Guillen, señala donde estaba su casa antes del huracán, y hoy no hay absolutamente nada. Las ayudas llegan en forma de goteras y algunos de los buenos samaritanos no llegan más allá que a la entrada del barrio.

Los residentes se pelean por las ayudas, y alcanzar alguna provisión es sólo para los más atrevidos. Miembros de la Cruz Roja y el Plan Social de la presidencia llevan, sin embargo, comida y agua a los afectados. Empresarios, la comunidad religiosa y entidades caritativas se unieron para realizar diversos tipos de donaciones, principalmente a los que residen en zonas vulnerables.

Durante la semana era notable la gran cantidad de voluntarios que fueron a llevar artículos comestibles y para uso diario a los afectados por María.

Maltrato en los refugios

Las personas que fueron llevadas a los refugios durante la tormenta afirman que no los atendieron debidamente.

“La comida llegaba bastante tarde, y de noche la pasábamos muy mal”, explica Rosa Vázquez. Algunos se refugiaron en escuelas, pero los directivos del distrito escolar 12-00 dieron la orden de desocupar los recintos debido a que el año escolar no debía interrumpirse por ninguna razón.

“Es una barbaridad, abandonar a unas personas que perdieron todo como nosotros; mandarlos a la calle, sin saber dónde dormiríamos”, cuestionó la señora Vázquez.