ENMIENDAS DEL HOMBRE / Sin que nos anule el fracaso

Ángel Leonardo Rojas Peralta.

[email protected]
Ideas y razonamientos, pensamientos fundidos con emociones que buscan evitar las angustias en el hombre, así se inspiran las enmiendas. Un esfuerzo implacable por deshacer los desaciertos, conscientes de que las acciones pasadas ya son imborrables, y serán juzgadas irremediablemente por el hombre, apelando a la misericordia de Dios para un reencauzamiento de nuestras vidas.
Inevitablemente somos señalados, nuestra presencia se hace irrelevante y somos desechados como árbol infructífero que siquiera brinda sombra para un descanso. Aplastados por los sentimientos de culpa, abatidos por la vergüenza, nuestros pasos se tornan torpes y lentos, el miedo nos confunde, la desesperanza nos esclaviza. Seres depresivos que ya no quieren más vivir, entristecidos, solitarios. Consecuencias de no alcanzar el “éxito”. Razono, casi desesperado, en las circunstancias que limitan al hombre a pesar de sus empeños. Pregunto si hemos sido marcados por un destino hacia fracasos, o condenados al despropósito. ¿Será que a pesar de las intenciones todo termina en pérdidas, habrá de ser que por destino la sensatez nos es negada, nuestra única alternativa sería entonces la sumisión a las desgracias y carencias?
Como siempre, procuro orar a Dios y aparecen pensamientos nuevos que dan luz a mis momentos grises. Así consigo entender con lucidez que en cada fracaso se encierra una extraordinaria enseñanza, sin embargo, ninguno somos educados para reconocerlo. Nuestras competencias para discernir entre lo bien o mal hecho nos son dejadas para el autoaprendizaje convirtiéndose en un lastre que nos quiebra. Sin embargo, es necesario sacar las fuerzas para reiniciarnos una y otra vez, no es tan malo golpearse contra el suelo, a pesar de todo. Les ha sucedido a todos los grandes hombres que conozco y de los que he sabido, todos muestran sus cicatrices con orgullo y se han diferenciado del resto al no aceptar sus derrotas como definitivas, convirtiéndolas en páginas de experiencia. Son reconocidos por el desenlace de su valor y entereza, pero también guardan historias de infortunios de las que podemos aprender.
Todos tenemos la capacidad de dejar un legado de gloria, de experimentar el sabor del éxito, de hacernos ejemplo al sobreponernos, venciendo la tristeza y el desconsuelo con fe y esperanza, con vehemencia continuando un paso tras otro.