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EDITORIAL / EL PUEBLO ESPERA RESPUESTAS CONTUNDENTES

La muerte del abogado Yuniol Ramírez Ferreras no sólo nos recuerda en lo que nos hemos convertido como sociedad, sino el rastro funesto que dejan las malas prácticas institucionales en el ámbito gubernamental. En el peor de los casos, las presentes autoridades pudieran defender la transparencia que suelen alegar cuando la opinión pública exige cuentas claras y que los responsables no sólo sean sometidos a la acción de la justicia, sino que paguen realmente por sus hechos. Y decimo esto, porque el pasado reciente demuestra que no siempre el sistema de justicia va de la mano con las aspiraciones legítimas de los ciudadanos, de vivir en una sociedad donde igual paguen los que se roban un racimo de plátano, que quienes se roban el erario de la forma más descarada posible.

Al margen de las indelicadezas que se les puedan imputar ahora a Ramírez Ferreras, de quien se dice aceptó un pago a cambio de no desvelar altos niveles de corrupción en la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA), su deplorable crimen debería obligar a una profunda revisión del comportamiento del actual Gobierno.

Por supuesto que no se trata de un hecho aislado. Pues ya son muchos los casos de actos de corrupción demostrados y comprobados con elementos de pruebas más que suficientes para enjuiciar y enviar a la cárcel a los culpables.

El denominador común de estas actuaciones impúdicas han sido las muertes violentas de gente de alguna forma involucrada, y que pagaron con sus vidas no haber resistido la fatídica tentación del dinero fácil. A la administración que encabeza el presidente Danilo Medina no hay que decirle cuáles son las principales funciones de un Gobierno constitucional, porque asumimos que las conoce por demás.

Pero es preciso destacar que de no actuar con la prudencia que amerita el contexto en el que se producen estos hechos abominables, las consecuencias serían impredecibles. La valoración que como primer mandatario tiene Danilo Medina sigue siendo alta e irrefutable con argumentos objetivos, porque su trabajo en pos de lograr una República más justa y equitativa hablan por sí solos. Sin embargo, sus propios amigos y viejos compañeros de partido podrían echarle lodo a su gestión de Gobierno, con el riesgo de salpicar su sólida imagen laboriosamente construida.

Ojo con eso, señor Presidente. Ese pueblo que premió su carrera política, otorgándole dos mandatos consecutivos, espera de usted una fuerte palmada en la mesa, que podría seguir cojeando de no aplicar correctivos a tiempo.