Brad Mckenny

Brad McKenney, el estadounidense que tuvo que vivir en RD para conseguir trabajo en MLB

Punta Cana. El sueño de Brad McKenney, un joven de Maine, una ciudad del norte de la costa Este de los Estados Unidos, era jugar en las Grandes Ligas, pero no fue bueno para competir a nivel profesional, pese a que era uno de los mejores en la escuela. Sin embargo, este joven de 23 años quiso estar siempre ligado al béisbol y tener un trabajo que no le pesara levantarse en las mañanas, sino que fuese una pasión en su vida diaria.

Además de no poder ingresar a las ligas menores, Brad tampoco sabía nada de matemáticas, estadísticas o sabermetría, disciplinas requeridas para optar por un trabajo de instructor de prospectos. Para el colmo, esas fueron las áreas en las que fue malo en la escuela. En agosto del 2016, habló con una persona de los Padres de San Diego, quien le dijo que era difícil ingresar a Grandes Ligas.

Le dijo que los equipos necesitan personas que hablen español para trabajar con jóvenes de América Latina. Eso le “encendió el bombillito” y cuando llegó a su casa, les confesó a sus padres la idea de venir a República Dominicana para aprender español y la cultura criolla. “Mis padres no estaban contentos por el peligro que hay en los países latinoamericanos, pero entendían que debía sacrificarme para lograr el objetivo de ingresar a la MLB”, comenta Brad.

El “gringo” se desempeñaba como profesor de inglés.

En 2015, trabajó en una oficina de intercambio internacional. Aplicó de nuevo y así fue que vino a Quisqueya como profesor de inglés en el programa Inglés de Inmersión del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (Mescyt). Llegó a Santo Domingo, pero no le gustó la capital, -es alérgico a las ciudades, según confiesa-. Cuando llegó al aula donde impartiría inglés, en Verón, el supervisor del Mescyt lo dejó sin nada, sin una lista, sin un manual, solo un salón pequeño y más de 50 estudiantes desordenados preguntando por sus clases.

Eso fue la primera muestra del desorden que caracteriza el país, que es muy diferente al sistema educativo americano, según relata a BávaroNews. Aprendió a usar guaguas públicas, a comer en las calles, incluso hasta se enfer mó del estómago. También, el Ministerio se tardó hasta tres meses en pagarle dinero. “Estaba frustrado, en Estados Unidos cuando trabajas de una vez te pagan”, comenta.

En muchas ocasiones, quiso regresar y abandonar sus metas, pero sus padres lo aconsejaban y les decían que no iba a lograr su objetivo. Con el tiempo, entendió y conoció cómo se vive verdaderamente en esta media isla, que previo a esta experiencia, la imagen que tenía era que aquí era solo béisbol, sol y playa.

“Cuando mis padres vinieron a visitarme vivieron la experiencia fuera de los hoteles. “Compartieron con la gente. Aquí es diferente: Las normas, la calle, la forma de la gente, que llegar tarde a un lugar es normal”. Palabras criollas que aprendió con los estudiantes, según relata, son: “Klk”, “chapiadora”, y “pariguayo”. Cuando niño no entendía el estilo de los dominicanos jugar.

La pelota aquí es diferente: Los dominicanos viven el momento, hacen “perreos” cuando pegan jonrón, es una pasión. En cambio, en Estados Unidos es un negocio”, sostiene Brad, quien es seguidor de los Medias Rojas de Boston. En sus tiempos libres, empezó a visitar las academias de Grandes Ligas, en Boca Chica, donde habló con personas claves y les expresó sus razones de estar aquí.

Brad en los Mellizos
Brad en los Mellizos

Enviaba email, usaba las redes sociales para contactar personas que trabajan dentro de las academias. Visitó los campos de los Filis, Piratas y Dodgers. En uno de esos contactos, se enteró de una vacante que en la academia de los Mellizos de Minnesota, en Estados Unidos. No perdió tiempo y envió su solicitud. Había más de 50 postulantes, pero Brad tenía la ventaja de conocer la cultura dominicana.

Durante una de las entrevistas con el supervisor, le hicieron preguntas difíciles, psicológicas, de cómo motivar a los peloteros latinos. Como conocía la cultura criolla, cómo piensan, su forma de ser, su vocabulario, la “chercha”, fue la razón por la que dice que lo tomaron en cuenta para darle el puesto.

“No sé si les gustó mis respuestas, pero mi ofrecieron el trabajo”, expresan con un español “machucado” mientras se ríe. Cuando recibió la llamada para decirle que se ganó el puesto, se sintió súper contento. Entendió que todo vale la pena. Su madre lloró de la alegría. Brad McKenney, ahora está Florida, donde disfruta de su nuevo trabajo como instructor y guía de los prospectos latinos. Tiene previsto volver a RD y compartir con sus amigos y hacer.